jueves, 8 de julio de 2010

CAPITULO 8. La Inversión Productiva

Titulo del Libro: MACROECONOMIA EN LA PRACTICA
Autor: LARRAIN FELIPE
Editorial: PEARSON
Año: 2005
Pag. 107-119

La década de 1970 fue una época de gran dinamismo para América Latina. El crecimiento promedio del PIB bordeó el 6%, gracias al enorme impulso de la inversión (o acumulación de capital), el cual estuvo cercano al 22% del producto.

Los flujos de capital externo, en especial los créditos, ayudaron a que las economías de la región invirtieran recursos en grandes proyectos industriales y de infraestructura, liderados en su mayoría por el sector público. No obstante, el "alto crecimiento" tuvo como efecto colateral un "alto endeudamiento", que a final de cuentas resultó insostenible, como lo demostró la crisis de la deuda externa que se suscitó a inicios de la década de 1980.



La América Latina del nuevo Milenio es distinta de la de las décadas de 1980 y 1990, ya que existe mayor énfasis en la participación del sector privado y mayor preocupación por la sostenibilidad de las cuentas públicas. A pesar de ello, los resultados no han sido nada espectaculares: en los últimos cinco años, el crecimiento del PIB apenas llegó al 1.2%. Entre los responsables del descenso se encuentra la caída de la inversión como porcentaje del producto, que bajo al 19% y restó más de un punto porcentual al crecimiento regional.

Las decisiones de inversión merecen estudiarse por varias razones importantes. Primero, añadir el estudio de la inversión al análisis del consumo que se planteó en el capítulo anterior, permitirá comprender mejor cómo se distribuye la producción en determinado periodo entre su uso actual (consumo) y su uso futuro (inversión para aumentar el consumo futuro). Segundo, las fluctuaciones de la inversión de las empresas juegan un papel central en la determinación del nivel de producto y empleo en el corto plazo.


NATURALEZA DE LA INVERSION

La inversión es aquella parte de la producción que se utiliza para mantener o aumentar el stock de capital en la economía. Al aumentar el stock de capital, el gasto de inversión hacer crecer la capacidad productiva futura de la economía.

Asi como en una economía hay muchas formas de capital, también existen diversas formas de inversión, aunque por lo general se identifican tres áreas principales: la inversión en activos fijos que mide lo que gastan las empresas en la planta (estructura física que ocupa una fábrica o una oficina comercial) y los equipos (maquinarias y vehículos); la inversión en estructuras residenciales, que considera lo que se gasta tanto en mantener las viviendas existentes, como en producir viviendas nuevas (observe que cuando una familia adquiere una casa ya existente a otra familia no hay inversión, pues en este caso, desde el punto de vista de la economía como un todo, no varia el stock de capital, sino que éste sólo ha cambiado de manos); y la inversión en existencias (o inventarios), que mide el cambio en la dotación de materias primas, productos semiterminados y bienes terminados que todavía no se han vendido al comprador final durante cierto periodo.


OTRAS FORMAS DE INVERSION

Si bien la inversión fija de las empresas, la acumulación de existencias y las viviendas son las principales categorías de inversión que comúnmente se miden, ciertamente no son las únicas. Hay tambien otras maneras de gastar en bienes durables, que aumentan la capacidad productiva futura de la economía. Los bienes de consumo durable, como automóviles, refrigeradores y lavadoras, representan servicios de consumo que subsistirán por muchos períodos. Muchas de las compras de bienes nuevos de consumo durables debieran, entonces, considerarse una forma de inversión. Por lo común, sin embargo, dichas compras se registran en las cuentas nacionales como gastos de consumo del período y no como inversión.



Los tipos de capital que se han mencionado hasta aquí se llaman capital "reproducible", porque su stock puede aumentarse gracias a mayor producción. Otras clases de capital, como los terrenos y los yacimientos mineros, son capital "no reproducible", puesto que no es posible aumentarlos por la vía de producir más. Los yacimientos mineros no sólo no son reproducibles, sino también son "agotables"; esto es, cuanto más se utilicen, más rápido se agotarán. En una medida más amplia de capital se incluiría, asimismo, la calidad del ambiente: el aire, el agua y los suelos. El deterioro de los recursos naturales debería entonces contarse como inversión negativa, ya que reduce la capacidad productiva futura de la economía. Hasta la fecha no se ha progresado mucho en cuanto a la medición del capital ambiental.

Los datos oficiales también pasan por alto muchas otras clases de capital intangible que debieran considerarse en el stock del capital nacional. Una fuerza de trabajo bien entrenada implica un tipo de "capital humano", ya que la capacitación de los trabajadores aumenta la capacidad productiva de la fuerza laboral. Sin embargo, al igual que sucede con los bienes durables, el gasto en educación y capacitación generalmente se clasifica ---erróneamente--- como consumo y no como inversión. Una cuestión similar ocurre con los gastos en investigación y desarrollo.

A la hora de medir la inversión resulta crucial distinguir entre "inversión bruta" e "inversión neta". La inversión bruta es el gasto total en bienes de capital, mientras la inversión neta es igual a la variación del stock de capital de un año a otro. La diferencia entre ambas es precisamente la depreciación del stock de capital, es decir, el monto en que el capital existente se gasta durante un año determinado.



PATRONES DE INVERSION

El gasto en inversión es muchísimo más volátil que el gasto en consumo. El consumidor en general desea "suavizar" su consumo a través del tiempo es decir, contar con un patrón de consumo estable. Como se verá, sin embargo hay razones mucho menos poderosas para que la empresa desee suavizar su trayectoria de inversión.

Si se compara la formación de capital fijo entre países industrializados, medida como porcentaje del PIB, Estados Unidos aparece al final de la lista.

En América Latina, con excepción de Chile, la tasa de inversión es menor que la de los países desarrollados. No obstante, la brecha es todavía mayor si se compara con la de los países del Sudeste Asiático, quienes por lo común destinan más de una cuarta parte de su producción a la formación de capital.

Desde esa perspectiva, no es extraño que en los ultimos 40 años el crecimiento del ingreso por habitante de los Tigres Asiáticos fuera tres veces mayor que el de América Latina. Resulta evidente que hay otras diferencias, como la calidad de las instituciones, el respeto a la ley y la orientación externa, pero casi la mitad de la brecha corresponde a las diferencias en la acumulación de capital entre ambas regiones; de ahí que los gobiernos se interesen en promover la inversión, tanto interna como externa, como una forma de crecer más.




DETERMINANTES DE LA INVERSION

Una interesante regularidad empírica es que en el corto plazo la inversión responde a la tasa de crecimiento del país. Cuando el crecimiento se acelera, la inversión aumenta; y cuando se desacelera, la inversión disminuye. Se trata de una relación que se explica con el hecho de que las empresas invierten para amplicar la capacidad productiva futura y, por lo tanto, necesitan realizar una conjetura (o formar su expectativa) sobre el estado futuro de la economía. Una de las principales señales del estado futuro es precisamente el crecimiento actual de la producción. Altas tasas de crecimiento del PIB por lo general se interpretan como un signo de prosperidad futura. Tal caracteristica ha estado presente en la actividad económica chilena. A los periodos de recesión los acompaña una fuerte caída en la inversión; mientras que los períodos de fuerte expansión del PIB ocurren junto con un boom de inversión.

Otro factor central en las decisiones de inversión es la comparación entre el costo de capital, que se relaciona estrechamente con la tasa de interés y la rentabilidad del proyecto. Cuando la tasa de interés cae resulta conveniente intervenir más, porque el costo de financiar la inversión es menor. Justamente por esa relación es que los gobiernos intentan influir en las decisiones de inversión. Por ejemplo un aumento en el impuesto a las utilidades reduciría el beneficio neto (privado) de la inversión, en tanto que un incremento en el crédito tributario aumentaría el retorno privado de la inversión.

En la práctica, no todas las personas ni todas las empresas pueden endeudarse libremente a la tasa de interés de mercado para financiar sus inversiones, aun cuando el proyecto sea rentable. Cuando a una empresa se le raciona el crédito, la inversión depende no sólo de la tasa de interés y la rentabilidad del proyecto, sino también del flujo de caja de la empresa. Tal fenómeno, al cual se le llama "racionamiento del crédito", aparece sobre todo en dos casos: cuando el gobierno establece un "techo" a la tasa de interés, poniéndola por debajo del equilibrio de mercado, y cuando las instituciones de crédito no logran evaluar con precisión los riesgos de prestar dinero a ciertos deudores.


martes, 6 de julio de 2010

CAPITULO 7. La importancia del consumo y el ahorro


Titulo del Libro: MACROECONOMIA EN LA PRACTICA
Autor: LARRAIN FELIPE
Editorial: PEARSON
Año: 2005
Pag. 91-105



El comienzo de la recesión en Estados Unidos, en marzo de 2001: el impacto psicológico de los atentados del 11 de septiembre del mismo año, y la guerra en Irak, en marzo de 2003, afectaron en forma significativa los indices de confianza de los consumidores, los cuales miden el estado de animo frente a condiciones económicas como el desempleo, la inflación y las expectativas sobre los acontecimientos futuros.

Como se verá a lo largo del presente capítulo, las perspectivas sobre el futuro de la economía resultan primordiales para entender el comportamiento del principal componente del PIB; el consumo, que es el destino principal de la producción. Comprender los factores que determinan el consumo de una familia y de un país resulta fundamental para entender cómo funciona la economía. En primer lugar, el consumo es el destino de la mayor parte de la producción nacional. En consecuencia, cuando una economía local se estanca o crece muy poco, una de las principales preguntas que las autoridades que administran las cuestiones económicas deben responder es cómo van a reactivar el consumo. En segundo lugar, las decisiones relacionadas con el consumo son la otra cara de la medalla de las decisiones de ahorro.

LA DECISION ENTRE CONSUMO Y AHORRO

Las familias periódicamente disponen de ingresos laborales o financieros, además de que tienen una idea aproximada de los ingresos que podrían recibir a futuro. La decisión entre consumo y ahorro no depende solo del ingreso y la riqueza actuales, sino también de las expectativas fururas; por ello se afirma que se trata de una decisión de carácter "intertemporal".

Las familias prefieren una trayectoria de consumo estable a una inestable. Puesto que el ingreso llega a fluctuar entre períodos, la relación entre consumo e ingreso corriente no es tan clara. Aquellas familias que pueden endeudarse en los mercados financieros determinan su consumo no sobre la base del ingreso presente, sino del ingreso permanente. Este ultimo es una especie de promedio que se obtiene entre el ingreso actual y el ingreso futuro esperado.

Otra observación importante es que hay un patrón regular del ingreso durante la vida de las personas. Cuando son jóvenes, sus ingresos son bajos, por lo que a menudo se endeudan (o "desahorran"), ya que suponen ganarán más con el correr de los años. Durante sus años productivos, sus ingresos alcanzan un máximo en la edad madura: pagan sus deudas contraídas con antelación y ahorran para cuando se jubilen. Al jubilarse, sus ingresos laborales caen, por lo cual deben consumir los recursos que acumularon hasta entonces.



LAS RESTRICCIONES DE LIQUIDEZ Y EL AHORRO PRECAUTORIO

En terminos generales, la restricción de liquidez, se define como la incapacidad de algunos individuos de endeudarse considerando sus ingresos futuros, lo cual se debe a que quienes otorgan el crédito suponen que esos individuos enfrentarán dificultades para pagar los préstamos, y no cuentan con las garantías adecuadas que los respalden. Esto llega a invalidar algunas de las conclusiones anteriores sobre el consumo, que se basaban explícitamente en el supuesto de que los agentes económicos son capaces de tomar y otorgar créditos libremente, dentro de los límites que le imponen sus ingresos a lo largo de toda su vida.

Los mercados financieros por lo general prestan contra una garantía, no sólo contra la promesa de que un deudor financiará el servicio de su crédito con sus ingresos laborales futuros.

Una importante lección es que, con restricciones de liquidez, el consumo y el ahorro se relacionan con el ingreso corriente de forma más estrecha que si no existiesen tales restricciones.


El consumo depende de las expectativas de ingreso venidero; por lo tanto, a mayor incertídumbre sobre el futuro, las personas ahorrarán más. De acuerdo con ello, se esperaría que, entre dos individuos con ingreso promedio similar, ahorre más aquel cuyo ingreso sea más variable. Se trata de un fenómeno que sirve para entender por qué, luego de las recesiones, el consumo reacciona cautelosamente a la recuperación de la actividad económica, aunque no haya restricciones de liquidez: las personas necesitan determinar claramente si el schock negativo tuvo una naturaleza transitoria o permanente; en consecuencia, el consumo sube en forma gradual hasta los niveles que se observan antes de la crisis.



Adicionalmente, las altas tasas de morasidad en los créditos al consumo llevaron a las instituciones financieras a imponer mayores restricciones para su otorgamiento. El pobre desempeño del consumo ocurrió a pesar de las constantes reducciones en la tasa de interés por parte del Banco Central, que se destinaron a fortalecer el consumo y la inversión. Lo anterior muestra el poderoso efecto de las expectativas en el consumo. Cuando éstas se deterioran, llegan a anular los efectos de las políticas económicas tradicionales.


EL AHORRO NACIONAL

El ahorro agregado depende de la distribución por edades de la población y del crecimiento del ingreso, pues ambos factores ayudan a determinar la riqueza de los ahorrantes jóvenes, en comparación con los desahorrantes mayores. El efecto de la tasa de interés sobre el ahorro y el consumo es ambiguo en términos teóricos, en tanto que los resultados empíricos no son concluyentes. Una tasa de interés mayor resulta un incentivo para aumentar el ahorro, lo cual, dado el nivel de ingreso, se conoce como "efecto sustitución". Sin embargo, si la familia es acreedora neta (tiene mas activos que pasivos financieros), el incremento de la tasa de interés también aumenta el ingreso futuro; por lo tanto, tiende a incrementarse el consumo y a reducirse el ahorro ("efecto ingreso").

En el caso de una familia que es deudora neta (cuenta con más pasivos que activos), ambos efectos del aumento de la tasa de interés van en la misma dirección: hacia un aumento del ahorro. En general, se considera que el efecto sustitución es más fuerte que el efecto ingreso, por lo que el ahorro responde positivamente a las alzas de la tasa de interés.

Las tasas de ahorro difieren en forma significativa entre países. Una regularidad empírica del ahorro es que las economías que crecen más rápido tienden a mostrar tasas de ahorro mayores que aquellas que lo hacen más lento. No se puede saber si el alto ahorro determina el alto crecimiento, o si es alto crecimiento el que genera un gran ahorro. En la practica quizá la casualidad vaya en ambas direcciones.